"Vengo de una raza conocida por el vigor de su fantasía y por el ardor de su pasión" E.A.Poe

LA MALDICIÓN DEL DIOS SOLAR (2)

            La noche era cálida y una agradable brisa con olor a limo y papiro acariciaba su rostro y revolvía juguetona su cabello. El aire se respiraba puro en aquella terraza del palacio. Las siluetas de las acacias se dibujaban en el paisaje nocturno coloreadas con el oscuro matiz violáceo que ofrecía el cielo y los sicómoros danzaban al son de aquel viento procedente del río.

            Mitret sonreía, no podía dejar de hacerlo. Su felicidad era inmensa. Los regalos de Atón al mundo eran bellos, aquella noche había sido soberbia. ¿Habrían acabado por hoy las emociones? En absoluto.

La muchacha no se percató de la oscura silueta que se aproximaba tímidamente por su derecha hasta que la tuvo justo al lado. Escuchó una respiración inquieta junto a ella y sobresaltada se giró en esa dirección ahogando un grito.

-¡Discúlpame! No pretendía asustarte –Nedjem temblaba como una hoja al viento. Por Seth, ¿qué estaba haciendo allí, qué le diría ahora?-. Verás señora, yo…

-¡Oh, no te disculpes! Estaba tan absorta en mis pensamientos que me sobresalté al verte.

-Si te molesto me marcharé…

-¿Por qué? Este es un lugar hermoso, tranquilo… y no me pertenece, tienes el mismo derecho que yo a estar aquí –Mitret esbozó su encantadora sonrisa y miró con más detenimiento al hombre-. Te he visto en el banquete con los miembros del ejército.

-Sí, soy capitán de mi tropa y acudí al banquete en representación del ejército de Egipto –Nedjem comprobó demasiado tarde que había dicho algo inconveniente. El rostro de la joven se torció en un gesto de desagrado.

-Sí, escuché que vendríais, pero creí que Akenatón no lo permitiría. Se trataba de escuchar un himno a Atón. Una exaltación a la paz y el amor. No entiendo qué tiene que ver el ejército y su representación bélica en todo esto.

-Bueno, tampoco yo. La verdad es que no me apetecía mucho venir, pero cumplimos órdenes… -la situación no parecía ir mejorando demasiado.

-¡Vaya! ¿No te apetecía ver de cerca al dueño de las Dos Tierras?

-No, yo… no quise decir eso… claro que quería ver al faraón… es sólo que… -la muchacha debía de pensar que era estúpido. ¿Por qué estaba tan nervioso? De pronto escuchó una risa clara como aquel cielo nocturno, la joven parecía divertirse.

-Capitán relájate, sólo bromeaba. No tienes que darme explicaciones de nada, eres libre, todos lo somos al fin y al cabo. Es bueno que la gente acuda a escuchar al faraón. Muchos piensan que es un loco más, un fanático… pero pocos lo siguen pensando tras haberlo tenido cerca. A veces creo que no es de este mundo… Dime, capitán, ¿te sentiste atraído por el poder de su magia cuando lo miraste a los ojos? ¿Sentiste que amabas desinteresadamente por primera vez en tu vida? ¿Acaso no deseaste protegerlo de todo mal? ¿No suplicaste que no se percatara de la falsedad que lo rodeaba?  -Mitret le lanzó una penetrante mirada que traspasó el corazón de Nedjem con más precisión que el arma más afilada-. Sí, lo hiciste. Tus ojos me lo revelan.

-Sí, sentí todo eso que dices. Pero supongo que es normal, ¿acaso no es el faraón, la reencarnación de Horus? –Se encogió de hombros-. Tú lo conoces, al menos eso me pareció, ¿no es cierto?

-Sí, lo conocí hace años. Después de la muerte del príncipe Thutmosis, él accedió a la categoría de Hijo Mayor del Rey, y comenzó su preparación para futuro faraón. En Heliópolis recibía las enseñanzas de los sacerdotes de Ra, así que solicitaron la orientación de un buen mentor en esa ciudad. Mi padre tenía cierta fama allí. Lo llamaron a él como mentor del príncipe –la expresión de la joven se volvió soñadora-. Justo desde el primer encuentro sentimos la gran fuerza interior del joven heredero y desde aquel preciso instante aprendimos a amarlo. Aquel muchacho poseía una voluntad inquebrantable, un poder innato difícil de expresar con meras palabras. Es imposible permanecer impasible a ese poder sobrenatural.

-¡Es fascinante! Entonces prácticamente creciste junto al príncipe, ¿cierto?

-Bueno, al menos mientras duró su educación a cargo de mi padre. Fue poco tiempo, pero llegamos a entablar una bonita amistad… Aprendí mucho de él.

            Mitret guardó silencio y miró al frente. Nedjem no pudo evitar mirar fijamente aquellos enormes ojos verdes que brillaban como una estrella más en el mar de la noche.

            De pronto, recordando algo que ella había dicho, su corazón dio un vuelco.

-¡Heliópolis! Vosotros residís allí, ¿no es cierto? –dijo en voz queda pensando por primera vez en que tal vez las distancias podrían separarlos ahora que al fin la había encontrado. Se dio cuenta entonces de que no podría soportar estar lejos de ella.

-No, hace tiempo que nos trasladamos a la bella Aketatón. Mi padre sigue siendo uno de los consejeros del faraón, aunque por desgracia yo ya no puedo acercarme al rey como antes. Son muchas las preocupaciones de Akenatón.

-¡Gracias señora! –Exclamó de repente Nedjem sin poder ocultar su alegría ante la extrañada mirada de la joven.

-¿Por qué me das las gracias?

-Porque pensé que si recorrías el Nilo de regreso a tu casa, me iba a resultar muy difícil encontrarte. Y ahora que te he conocido por fin, no creo que pudiera pasar un solo día sin verte de nuevo- Nedjem dijo todo esto sin atreverse a mirar a la muchacha a los ojos.

            Si lo hubiera hecho habría podido descubrir un brillo distinto en su mirada, se habría percatado al instante de que a ella también le alegraría volverlo a ver y que aún le agradaba más haber visto sus pensamientos reflejados en las nerviosas palabras de aquel joven que tanta paz y a la vez inquietud le provocaba.

            Por fin se atrevió a mirarla directamente a los ojos y sus miradas se cruzaron. Cuando volvió a hablar lo hizo más serenamente, dando a cada palabra la pasión que sentía.

-Dime cuál es tu nombre para que cada vez que lo pronuncie pueda evocar tu rostro y sentir el frescor de tu sonrisa.

-Me llamo Mitret,  pero no sé si este nombre te dirá en verdad tanto como pides. Al fin y al cabo, no es más que un nombre. ¿Cómo debo llamarte a ti, capitán?

-Nedjem.

-Nedjem… “el dulce”.

-Sí, cosa de mi padre… -diciendo esto sus nervios se relajaron y regaló a la muchacha una enorme sonrisa.

            Aquel gesto tan sencillo arrancó un profundo suspiro en Mitret. Aquella sonrisa era tan pura… Durante un intenso momento ambos permanecieron en silencio, mirándose el uno al otro con profundidad, hasta que ella acertó a decir algo.

-Ciertamente tu nombre sí dice bastante, en él se traduce la misma dulzura que en tus ojos.

-No me hables de este modo, bella Mitret, porque ya casi me cuesta respirar con sólo mirarte. ¿Acaso quieres robarme el aire que me queda con tus palabras? Desde que te vi en la cena no he podido volver a ver otra cosa sino tu imagen. Soy sabedor de que jamás volveré a cerrar mis párpados sin que se represente en la oscuridad de mis ojos tu bello rostro. 

-Capitán, veo que habéis probado el vino del faraón, y no poco, al parecer. ¿Cómo hablas de amor a una completa desconocida? –ella rió.

-Te equivocas. Y no me refiero al vino, pues me he visto obligado a beber más de lo normal para reunir valor y decirte lo que siento. Digo que estás equivocada porque no eres una desconocida para mí.

-¿Cómo es eso? ¿Acaso ya nos conocíamos y he sido incapaz de recordar a alguien como tú? –a la joven le hubiera gustado mostrarse desinteresada y burlona, pero, ante la penetrante dulzura de sus oscuros ojos, sus labios temblaban y le era imposible ocultar lo mucho que le agradaba escuchar sus palabras.

-Yo te reconocí en cuanto te vi, porque te veo cada noche en mis sueños. No tengo la menor duda de que yo debía encontrarte esta noche. Es como si ya hubiera vivido una vida anterior a ésta, y allí te hubiera amado también. Y estoy seguro de que debe ser así, pues si tuviera la capacidad de morir y volver a vivir mil vidas, te amaría en todas ellas.

            Nedjem no quería pensar demasiado en lo que decían sus labios. Sus sentimientos aumentaban a cada segundo que pasaba junto a ella. Su firme propósito era no dejarla marchar, no sin antes haber dejado alguna huella en su alma o en su corazón. Necesitaba asegurarse de que aquella no sería la última vez que se encontraría junto a Mitret.

-Mitret –él tomó sus pequeñas manos entre las suyas y las notó suaves y frías. En su tacto pudo percibir el ligero temblor nervioso que agitaba su delicado cuerpo-, sé que te sonará extraño. Nos acabamos de conocer esta noche y es comprensible que no confíes en mí, mas te aseguro que cuanto te digo es cierto.  Jamás antes me había sentido así, ni tan siquiera yo lo comprendo. Sólo entiendo que este extraño nudo que me oprime el estómago acabará ahogándome si no te digo todo lo que siento ahora mismo. Después, mi vida está en tus manos, puedes aceptar mi amor o dar la vuelta ahora para nunca volver a verme, y así será sin duda, porque de seguro no tardaré en perecer si te marchas.

            Mitret estaba asombrada de sus propios sentimientos. Muchos otros antes le habían hablado en términos similares y ella siempre se había mostrado impasible. Ahora en cambio era diferente. ¿Qué tenía Nedjem distinto a los demás? Si acaso era más rudo y torpe. Sus palabras fluían nerviosas como alentadas por una desesperación irreal. Su cuerpo temblaba mientras la miraba… no, sin lugar a dudas aquel hombre no estaba acostumbrado a suplicar el amor de una mujer, por el contrario, debían de ser ellas las que suplicaban el suyo. Sólo había que echar una mirada a su rostro de hermosos rasgos para comprenderlo. Su piel curtida por el sol, sus pómulos ligeramente marcados, sus labios suaves y bien dibujados, sus ojos negros y brillantes como dos pozos del agua más dulce en mitad de un árido desierto… Su porte era digno y elegante, su cuerpo fuerte y musculoso, sus brazos poderosos le provocaban un deseo irracional de acurrucarse bajo su protección. A penas si sentía ya el sentido común necesario para no hacerlo en aquel preciso instinto, lanzarse a sus brazos y dejarse arrullar… ¿Acaso Nedjem tenía razón? ¿Acaso estaban predestinados a amarse?

 

Ir a:

LA MALDICIÓN DEL DIOS SOLAR (1)

Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.