El calor de esta noche de verano
acompaña a mi angustia.
La tristeza que en mi corazón se está alojando
es vecina ya de la ansiedad que habita mi alma.
La luna llena fue la culpable.
A esta luna llena le reprocho.
Ella celosa y envidiosa
la causante de mi dolor es.
Ella fue la que caprichosa y altanera
de mí te separó.
Ella fue, sí, la que causó mi dolor.
La luna llena que con tanta belleza y grandeza
tu corazón no pudo robarme
y ahora, como una niña caprichosa,
de mí te aleja sin más,
sin sentir compasión por mi dolor,
sin pensar en mi angustia,
sin comprender siquiera
que también a ti podría doler esto.
No, sin querer saber nada.
Sin importarle nada.
Con su poder te arrastró de mi lado,
para tenernos padeciendo a los dos.
Y que otro remedio nos queda que decirnos adiós.
Decirnos adiós pero sin renunciar a nuestro amor,
porque a pesar de las distancias,
a pesar del tiempo,
a pesar de la luna llena,
nuestros corazones se seguirán amando,
y nuestras almas,
unidas a pesar de las distancias,
se seguirán queriendo por siempre.
Enjuagando sus lágrimas de ansiedad
en los destellos de la luna llena.
Estefanía Jiménez



LOS ECOS DE VUESTRAS VOCES