Aunque sé que no soy buena poetisa, no puedo evitar escribir poesía. Son demasiados los sentimientos que a diario se agolpan dentro de mí, demasiados los pensamientos, demasiado fuerte la necesidad de expresarlos.
La poesía es una buena fuente de almacenamiento para cada latido de mi corazón, pero también para cada una de mis ideas.
Sólo añadir que los sentimientos que inspiraron este poema son uno de los grandes motivos que me llevan a levantarme cada mañana. Por ello doy mil gracias a mi “mirso” normando, que me hace creer que merece la pena todo.
Despierto cada nuevo día,
con la gran emoción de ver tus ojos.
Afronto cada despertar,
con la única ilusión de sentir tus labios.
La suavidad de esa boca,
el alimento de mi ser.
Tan intenso y fuerte,
ese beso tuyo es vital.
Sin esa mirada,
soy incapaz de luchar ni un instante.
Porque cada día es luz,
si cuando despierto estás a mi lado.
Cada mañana es fiesta,
si tú me despiertas.
Me das la energía justa,
sólo para sobrevivir sin verte.
Para hacerme adicta a besos más intensos,
cuando a la noche vuelva a tenerte.
¿Y tú me dices que soy oscura?
¿Que sólo encuentro la belleza en la noche?
Cada día es un brillo nuevo.
Cada mañana un tesoro.
Pero cuando me besas y te marchas de mi lado,
vivo ansiosa el nuevo día,
adicta a tu regreso en la noche.
Soñando las promesas que en la mañana me haces.
¡Claro que escribo a la oscuridad!
A ella y sólo a ella.
La más ansiada,
la más bella.
En la mañana me rozan tus labios.
Pero en la noche vuelves a mi lado,
y alcanzo las estrellas.



LOS ECOS DE VUESTRAS VOCES