Lo vio alejarse y deseó con desesperación no olvidar jamás la ilusión que reflejaban aquellos ojos cristalinos. Quiso aferrarse a ella pues era la traducción de su propio anhelo. Supo que la imagen de él alejándose por el callejón la acompañaría para toda la eternidad.
Miró su espalda. Su camisa arrugada después de haber estado horas tumbado junto a ella, su pelo revuelto y húmedo por la llovizna. Él volvió la cabeza una vez más y le sonrió. Aquella sonrisa que la había embrujado. Sus labios sensuales en aquel gesto travieso que lo hacía tan infantil…
Ella le dedicó un último adiós con la mano y él le respondió. Se marchaba satisfecho, sabiendo que a la mañana volverían a encontrarse… pero ella conocía la verdad.
Las lágrimas comenzaron a brotar en el preciso instante en que él desapareció de su vista. Para siempre… Aquella certeza le desgarró el alma.
Buscó en su bolsillo y sacó la carta que había estado intentando escribir la noche pasada mientras lo observaba dormir. Nunca había hecho algo tan difícil. ¿Cómo renunciar a la dicha con unas pocas líneas? Aquel papel arrugado fue como un látigo que avivara su dolor.
Ella sabía que algo así podría ocurrir. ¿Acaso no la habían avisado? Cuando suplicó a la luna que la dejara contemplar el mundo desde el plano mortal, ¿acaso no le dijo ella que allí abajo hallaría el dolor? Y sin duda así había sido, pero había merecido la pena. Porque aquellas lágrimas que ahora derramaba sólo eran el inevitable desenlace de lo que había sido la culminación de la felicidad.
Qué equivocados estaban todos los seres inmortales que desde el cielo contemplaban a los hombres con desdén. ¿Qué les había llevado a pensar que aquellas criaturas eran terribles e indignas?
Ella acababa de pasar los días más increíbles al lado de uno de ellos y mientras más recordaba sus caricias, sus besos, su voz, más consciente era de que él brillaba con más intensidad que sus compañeros del cielo.
Pero quién era ella, un simple rayo de luna en la tierra, para hacer cambiar de idea a todo el firmamento. Y sin embargo supo que no importaba. Ella conocía la verdad y la atesoraría en su interior para siempre.
Miró a la luna. Había llegado el momento, ella la esperaba. Imaginó cuales serían sus palabras al ver sus ojos llenos de comprensión y ternura. Su madre había visto sus lágrimas y las había malinterpretado. La gran diosa nocturna no confiaba en los hombres y la había advertido sobre ellos. Pero, a pesar de su sabiduría y de sus muchos años de experiencia, esta vez se equivocaba.
Ella había conocido el amor en aquellos breves instantes que había vivido al lado de aquel hombre. Y sus lágrimas eran dulces y amargas a la vez. Dulces porque aún saboreaba sus besos y amargas porque no soportaba el dolor que sabía le iba a causar. Al contrario de lo que su madre pensaba, sería ella la traidora y la que heriría en esta ocasión.
Mientras la luna bajaba sus brazos protectores a la tierra para abrazar a su hija y ella se dejaba llevar de regreso a su hogar, no dejaba de ver el rostro lleno de ilusión de él. Casi podía verlo ahora tomando nota mental para un nuevo verso que le regalaría al día siguiente. Pero no habría día siguiente para ellos. Y ella había llegado a conocer lo bastante a aquel joven como para saber que jamás la borraría de su mente. Nunca olvidaría a esa extraña mujer de cabello plateado que había desaparecido sin más, dejándole el corazón destrozado y un millón de preguntas en su mente brillante.
A la mañana siguiente, él tan sólo encontró un papel arrugado y emborronado, completamente ilegible, en el lugar donde debía esperar aquella a la que había considerado su alma gemela. Lo recogió y lo guardó, sin saber muy bien por qué.
Los días transcurrieron y él esperó noticias de ella inútilmente. En sus labios aún temblando las palabras de amor que jamás se había atrevido a pronunciar.
En la noche, junto a su ventana, tomaba el papel y miraba al firmamento. Un rayo de luna siempre venía a su encuentro, iluminando la única palabra que aún podía distinguirse en el deteriorado papel: esperanza.



Comentarios en: "ESPERANZA EN UN RAYO DE LUNA" (2)
creía que era una estrella, ya sé que no queda claro pero que sea un rayo de luna me parece mucho más interesante y distinto.
besotes!!!
Tenía que ser algo que justificara que ese amor era del todo imposible. Porque en la historia real que inspiró el relato ella jamás se presenta a la cita con él. Y la verdad ES QUE NO LO ENTIENDOOOO!!!!!Tú lo has visto, es muy mono… En fin, seguro que ella era un rayo de luna porque sino no tiene sentido,