"Vengo de una raza conocida por el vigor de su fantasía y por el ardor de su pasión" E.A.Poe

LA ESTRELLA DE LA CONCHA (5 Y 6)

5. LA BRUJA DE LAS BURBUJAS

Tara se conocía todos los recovecos y la guiaba con energía. De repente, Rebeca se encontró en una extraña habitación con un gran ventanal.

Todo estaba cubierto de burbujas que iban entrando por la enorme ventana y que volaban de aquí allá, ofreciendo un hermoso espectáculo. A su lado estaba Tara, y frente a ellas había otra perra. Ésta corría de un lado a otro tras las burbujas, explotando algunas con la boca y dejando escapar otras. A veces daba unos saltos formidables para atraparlas, y otras veces corría dando vueltas sin parar mientras toreaba algunas pompas.

Era de color negro, con el pelo muy largo. Tenía las orejas grandes y sus pequeños ojos brillaban con mucha intensidad con el color del fuego. Su hocico era muy largo, y su nariz negra y redonda.

—¡Eh, Ofu! Para un momento, ¿quieres? —le dijo Tara.

Ofu la miró sorprendida y se lanzó hacia ella moviendo el rabo.

—¡Hola!, ¿cuándo has llegado? ¿Quieres explotar algunas?

—No, escucha un momento, esta niña necesita tu ayuda.

Ofu miró a Rebeca y de un salto se subió encima de ella y comenzó a lamerle la cara.

—¡Hola, niña! ¿Cómo te llamas?

—Soy Rebeca.

—¡Ah, Ruperta!… ¿Qué quieres de mí?

—No, no es Ruperta, es Rebeca.

Entre Rebeca y Tara, le contaron la historia, y cuando terminaron, Ofu parecía tan preocupada como ellas.

—Bueno, Roberta, la verdad es que las estrellas fugaces no conocen mucho del mundo, tenías que haber sido más clara al pedir tu deseo. Veamos… si despiertas… tu vida será terrible a partir de entonces, pero si no despiertas… eso es como estar muerta, y es mucho peor.

—Espera Ofu, la estrella me dijo que se cumpliría todo lo que recordara del sueño. Tara me ha dicho que tú puedes hacer que los sueños se recuerden o se olviden, ¿no? Simplemente tienes que hacer que no recuerde este sueño jamás. ¿Me equivoco? —explicó la niña esperanzada.

—No es tan sencillo, ¿sabes? —dijo Tara con cara preocupada.

—No, en realidad, no. Mira te lo explicaré —Ofu invitó a Rebeca a sentarse en un rincón en el suelo, y cuando ésta estuvo acomodada, ella dio un par de vueltas y después dejó caer su trasero pesadamente sobre las piernas cruzadas de la niña.

—Nunca comprenderé por qué te sientas encima de la gente. La habitación es muy grande —dijo Tara mientras se tumbaba a su lado. Después dio un suspiro al entrar en contacto su rechoncha panza con el frío suelo.

—Porque el suelo está más duro y frío… Bueno, escucha Renata, todas estas burbujas tan apetitosas que vuelan por aquí, son vuestros sueños. Cuando los sueños terminan, ellas vienen aquí. Tara se encarga de que ninguna se desvíe o se pierda. Yo me encargo de hacer que los sueños acaben. Para ello tengo que explotar las burbujas, entonces, la persona que está soñando despierta y recuerda poco a poco su sueño. Pero la Reina de los Sueños, que es la jefa de todo esto… decide que algunos sueños no se pueden recordar. Pero éstos no desaparecen, vuelven al charco de jabón de donde han salido. Cada persona tiene su propio charco. De allí salen los sueños, y la burbuja que regresa allí, sólo lo hace de forma temporal, es decir, tarde o temprano, vuelves a tener ese sueño. Pero con la diferencia de que, como ya lo has soñado antes, al repetirlo, comienzas a recordarlo todo de nuevo, y eso hace que una pesadilla sea mucho más terrorífica aún, pues sabes lo que va a ocurrir y no puedes cambiar nada. Incluso a veces, si la reina así lo decide, la cosa puede empeorar mucho más –Ofu la miraba con ternura-. ¿Lo comprendes? Puedo hacer que olvides tu sueño, pero tarde o temprano volverías a soñarlo, y entonces lo recordarías todo. La estrella te dijo que todo lo que recordaras del sueño se cumpliría. Así pues, quizás no sea mañana cuando se cumpla, pero sí algún día.

—Entonces no puedo hacer nada, al final mis padres desaparecerán y también mi maestra y mis amigas… todo será oscuro y sucio, y nadie me querrá —Rebeca rompió a llorar desesperada—. ¡Mamá, papá! Soy una idiota, me lo merezco por tonta. Ellos siempre han sido buenos conmigo y yo a veces era tan cruel con ellos… nunca más volveré a abrazarlos…

Tara se había acercado a ella conmovida y le estaba lamiendo la cara.

—Vamos, vamos, no te desesperes, hay una solución muy clara para esto… Mira, podemos arreglar tu problema. Pero escucha, todos los sueños tienen un significado, y el que tú has tenido está bastante claro. Eres una niña muy egoísta, menosprecias lo que tienes y no te importan los sentimientos de los demás. No te comportas demasiado bien con tus padres y tus amigos. Ofendiste a esa estrella con tu falta de sensibilidad, ella buscaba a una amiga y tú sólo querías utilizarla en tu beneficio. La Reina de los Sueños es más poderosa de lo que te puedas imaginar. Ella lo sabe y lo ve todo, y su misión es castigaros o premiaros con los sueños por vuestras malas o buenas acciones, así, por medio de ellos, podéis recapacitar y cambiar de actitud. Pero no es malvada, creo que no nos impedirá que te ayudemos.

—¿De verdad podéis ayudarme? Si lo hacéis os prometo que cambiaré —dijo Rebeca mientras se sonaba la nariz.

—En fin, Rigoberta, eso espero. Pero, si todo sale bien, no recordarás nada del mundo de los sueños, y, probablemente, cuando despiertes, ni siquiera recordarás esa promesa que acabas de hacer—le respondió Ofu—. Vamos a ver… cuando llegue tu burbuja la llevaré hasta tu charco, entonces despertarás poco a poco y no recordarás nada de lo que has visto u oído aquí.

—Inmediatamente después, le pedirás a la estrella de la concha que deshaga tu anterior deseo. Así, cuando vuelvas a tener este sueño, ya no habrá peligro de que se convierta en realidad.

—Esperad un momento, hay algo que no encaja. Si no voy a recordar nada en absoluto, ¿cómo voy a saber entonces que lo que he tenido ha sido un mal sueño y que tengo que deshacer el deseo?

—Esto…nosotras tenemos un buen método para eso, podemos hacer que una persona sepa sin duda alguna que lo que ha tenido ha sido una pesadilla, aunque no la recuerde.

—Sí, sí, Ramona, confía en nosotras. Bueno, aún queda media hora para que despiertes, ¿por qué no explotamos burbujas?

La niña y las dos perras pasaron la siguiente media hora jugando y riendo. Rebeca no recordaba habérselo pasado tan bien jamás, pero sin embargo se moría de ganas de volver a abrazar a sus padres. De repente, Tara ladró sobresaltando a sus dos compañeras.

—¡Mira Ofu, es la burbuja de Rebeca! Acaba de entrar.

En efecto, allí estaba, la misma burbuja que ella había visto cuando encontró a Tara. Ofu corrió tras ella guiándola en una dirección concreta.

—Vamos Rebeca, hay que seguirla hasta tu charco, cuando la burbuja roce el agua despertarás.

 6. EL CHARCO DE REBECA.

Las tres siguieron a la burbuja hasta un enorme y hermoso jardín. En el suelo se extendían miles de charcos de agua y espuma brillante que formaban arco iris.

Después de recorrer unos metros, la burbuja y las tres amigas, se detuvieron frente a uno de estos charcos.

—Bueno Receta, ya hemos llegado. Niña, éste es tu charco dijo Ofu.

—¿Así que todos éstos son mis sueños? ¡Guau, es increíble!…Sabéis una cosa, me lo he pasado en grande con vosotras dos, ojalá pudiera recordaros cuando despierte —dijo con voz triste—. Me encantaría poder agradeceros vuestra ayuda.

—Pues entonces, procura cambiar y pensar más en los sentimientos de los demás, así nos harás muy felices. Nosotras… también te echaremos de menos… —le dijo Tara mientras una lágrima le recorría el rostro, mojándole su pelillo rubio hasta el moflete.

—¡Sííí, snif, te voy a echar mucho de menos, Rebeca! —lloriqueó Ofu.

—¡Has dicho bien mi nombre! —Rebeca se agachó y besó a las dos perras en el hocico—. Nunca hubiera imaginado que el mundo de los sueños estuviera dirigido por perras tan estupendas.

—En realidad no es así, somos como tú deseas que seamos, para cada persona es diferente. Bueno, llegó el momento. ¿Estás lista?

—Sí, pero… ¿qué vais a hacer para que yo sepa cuando despierte que he tenido una pesadi… ¡aaayyy!

No había terminado su pregunta aún, cuando conoció, por fin, la dolorosa respuesta. Ambas perras le habían dado un gran mordisco en el trasero.

Rebeca se despertó en su cama sobresaltada y temblando. Tenía una desagradable sensación, aunque no podía recordar por qué.

—He debido de tener una pesadilla horrible… ¡Oh, no, el deseo que pedí a Zul! Debo deshacerlo. Si estoy tan asustada es porque he soñado algo muy malo… ¡Podría hacerse realidad de un momento a otro! ¡Zul, Zul! —cogió la extraña concha y miró a través de sus ventanitas. En el pequeño comedor encontró a la pequeña estrella —. Zul, por favor, debes deshacer el deseo que te pedí anoche…

—¿Es ese tu nuevo deseo? —dijo la estrella en tono aburrido.

—Sí, lo es, por favor. Te estaré eternamente agradecida si olvidas el deseo que te pedí anoche…por favor…

—Está bien… si ese es tu deseo… ya está cumplido. Bueno…no sé si habrás escarmentado, pero al menos, en el mundo de los sueños te han enseñado a ser más educada.

Rebeca no podía recordar nada de lo que había soñado y vivido en el mundo de los sueños. Sin embargo, se sintió muy aliviada cuando la estrella le dijo que había deshecho el deseo, y cuando sus padres entraron en la habitación sintió una alegría desbordante en el pecho. Los abrazó con fuerza y rompió a llorar sin saber por qué.

-¡Feliz cumpleaños, hija! —le dijo su padre mientras la besaba.

—¡Es verdad, es mi cumpleaños! Lo había olvidado por completo. ¡Ya tengo ocho años!

—Toma tu regalo, pero recuerda que últimamente no te has portado demasiado bien —le dijo su madre sin dar muchas muestras de enojo y entregándole un bonito bolso azul.

—¡Es genial, sois los mejores padres del mundo! —y volvió a abrazarlos y a besarlos repetidamente.

 

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- LA ESTRELLA DE LA CONCHA (1)

- LA ESTRELLA DE LA CONCHA (2)

- LA ESTRELLA DE LA CONCHA (3 Y 4)

- LA ESTRELLA DE LA CONCHA (5 Y 6)

 - LA ESTRELLA DE LA CONCHA (7)

- LA ESTRELLA DE LA CONCHA (8)

- LA ESTRELLA DE LA CONCHA (9)

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