QUERIDO COMPAÑERO

junio 9, 2009 at 11:43 am (CARTA) (, , , , , , )

Esta carta la dedico a mi madre y a mi padre, mis dos grandes héroes en la Tierra y en el Cielo. 

Querido compañero:

 Anoche tuve un sueño. En él, la niebla no era más que una pequeña nube que ambos sorteábamos sin dificultad. La oscuridad no se cernía sobre nosotros como lo hacía ayer. Todo era luz y claridad y nuestros corazones latían libres de miedo y dolor.

Pero mi cerebro me trajo de vuelta a mitad de la noche. De nuevo me encontré tendida en mi cama, temblando de frío, empapada de soledad.

 Al principio, las imágenes de aquel sueño me trajeron paz. Casi pude volver a sentir tu calor junto a mí, oler el perfume de tu piel, sentir la seguridad de tus brazos. Con los ojos cerrados, evoqué el sabor de tus labios, esa dulzura tan pura, tan vital. En el interior de mis párpados encontré el brillo intenso  de tus pupilas cuando me mirabas. Creí incluso percibir tu sonrisa sensual sugiriendo mil y un caminos hacia el placer más dulce.

Pero mi cerebro cruel se revolvió contra mi imaginación. Conforme la realidad se fue abriendo paso en él, fue deshaciéndose de aquellas imágenes que tanto necesitaba para volver a respirar. Primero sentí el frío, tu cuerpo no yacía junto al mío. Después regresó el olor a sábanas empapadas por mi propio y único sudor, el tuyo se esfumó. Mi cuerpo tembló de miedo y no halló el consuelo de tus brazos a su alrededor. Mi boca saboreó el aire y sólo percibió la hiel de mi soledad.

Abrí los ojos al fin y la oscuridad más terrible inundó mis retinas. No estaba allí el brillo de los tuyos mirándome con esa pasión e intensidad con la que sólo tú sabías mirarme. No desnudabas mi alma con esa mirada llena de amor, no se agitaba mi corazón con cada parpadeo tuyo. No había más ojos que los míos en aquella helada oscuridad. Y ya no regresó la imagen de los tuyos. Por más que yo cerrara los párpados una y otra vez, lo único que conseguí fue desbocar un río de angustia que fluyó por mis mejillas agrietadas.

De nuevo, como cada día, la realidad rebotó en el hueco de mi pecho. Pero su eco esta noche, fue más terrible que nunca, pues te tuve de nuevo en mis brazos y al despertar estuve más sola que nunca. Y desgarradoramente la comprensión se batió sobre mí.

 Nunca más esa sonrisa tuya iluminaría mi vida ni prometería nada. Nunca más el vacío sería llenado. Jamás regresarían los momentos vividos… jamás, tan solo en mis crueles sueños. Crueles porque me hacen daño, porque son demasiado débiles ante la abrasadora realidad. Porque no me quieren en su mundo y me obligan a regresar a lo que es la más pura agonía después de haberme dado a probar de nuevo la felicidad.

Y ahora recuerdo cada palabra que me dijiste. Sé que te prometí ser fuerte y seguir adelante. Pero dime cómo podría lograrlo. Nunca creí mi propia promesa… ni siquiera creo que lograra engañarte a tí. Y eso me produce aún más dolor. Sólo el pensar en traicionar tú confianza me escuece más que mis propias lágrimas.

Pero reconoce, amor, que tampoco tú fuiste demasiado sincero conmigo. Me juraste luchar, me prometiste ganar… pero cada vez regresabas más herido. Y al final te dejaste vencer.

¡Perdóname, por favor! Yo mejor que nadie sé lo duro que fue para ti. Apenas logro concebir tanto dolor y sufrimiento en un cuerpo que fue mi pilar durante los mejores años. Y aunque estuve a tu lado, no pasa un solo día en el que no me pregunte qué más podía haber hecho, cómo podría haberte ayudado a vencer. Y aunque todos me repitan una y mil veces que siempre estuve ahí, que te hice feliz, que siempre te ayudé… Me quema la duda en mi alma.

Pero ya nada tiene importancia. Lo cierto es que al final ambos perdimos. ¡Oh, tú más que yo, sin duda! No puedo borrar la terrible imagen de aquellos ojos perdidos. Aquellos labios otrora tan dulces, convertidos en símbolos de tu inmenso sufrimiento. Tu cabello brillante y oscuro, ralo y cubierto por hebras de plata. La fuerza de tu hermoso cuerpo evaporada por siempre. Y ese sudor helado que me transmitió tu pesadilla. Aquel último aliento que me regalaste en una siniestra despedida quedó a fuego en mi mente.

 ¿Qué fue de mí? No recuerdo más que aquella última despedida. En aquel momento, el mundo entero se paralizó. Creo que corrí… en fin no estoy segura. Pero no supe lo que significaba la palabra dolor hasta ese preciso instante en que tus pupilas perdieron su brillo y se clavaron en la nada.

Otro recuerdo me atormenta además y al evocarlo siento el frío más intenso si cabe. ¿Por qué traté de captar de nuevo la suavidad de tu piel? ¿Acaso no soy sensata? ¿Acaso no sabía que sería imposible recuperar lo perdido? Y sin embargo caí en la absurda trampa de acercar las yemas de mis dedos a tu mejilla. El frío paralizó mis huesos y no han recobrado el calor desde entonces…

Sin embargo anoche volví a tenerte entre mis brazos… volví a sentir tu calor. Una felicidad como nunca antes sintiera llenó mi alma. Pensé en el miedo y me reí de él…

Pero ya ves que he despertado, y el dolor sigue aquí. Es todavía más fuerte que nunca pues ha vuelto a recordarme todo cuanto he perdido. Nunca encontraré palabras para decirte lo mucho que te necesito y me parece del todo innecesario hacerte saber que jamás curaré esta herida.

Hoy siento mi corazón más débil que nunca, y a cada latido que da, mi alma le hace la misma súplica: “¡Detente ya!”

Lo sé, te prometí que lucharía. Pero yo nunca fui tan fuerte como tú y ahora es mi cuerpo el que tiene la última palabra. Así pues, esta es mi carta de despedida, porque ya no quiero más una vida repleta de agonía. Mi último aliento lo plasmo en papel como tú lo hiciste sobre mis manos.

Sólo te ruego que no me guardes rencor por faltar a mi promesa de continuar, pues lo cierto es que yo ya me rendí hace mucho y lo que aconteció después de tu adiós, no fue más que una existencia de pantomima.

Con esto me despido ya de veras, con el único deseo en mi alma de que, allí donde tú te encuentres, exista aún hueco para mí en tu corazón como sé que lo hubo siempre.

 Con amor;

Tu esposa por siempre.

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3 comentarios

  1. ANA MARI dijo:

    Cuántos años han pasado sin saber nada de tí. No sabes las ganas que tenía de leer tus cartas pues ya sabía que eras una excepcional escritora, aunque la verdad no me esperaba tanto. Eres una maravillosa escritora pero sobretodo una excepcional persona e hija. Por desgracia los momentos felices infantiles se esfumaron, pero hay que seguir adelante pues nos quedan muchos otros por vivir. Si te soy sincera, yo también vivo mucho de la nostalgia y de mi época más bonita, la niñez. ¡Qué familia tan unida y bonita!, ¡cuántos momentos de felicidad cuando llegábamos al pueblo y estábamos todos!, ¡cuánta paz me transmitía estar con todos mis seres queridos!….
    Gracias por recordarme con tus palabras lo feliz que llegué a ser.

    Un fuerte abrazo

    tu prima Ana Mari

    • estefaniajimenez dijo:

      ¡Muchísimas gracias! No sabes la alegría que me da saber de ti, y qué subidón que te guste lo que escribo (ojalá los jurados del montón de concursos que me he presentado pensara igual :D )
      La verdad es que tienes razón. Siento nostalgia de muchas cosas, pero tampoco me arrepiento de nada. Quizás podría haber hecho las cosas un poco mejor,pero al ver la familia que he formado la verdad es que me siento muy orgullosa. Y en parte, el que mi hija esté en el mundo es gracias a ti, lo juro. Quizás no conozcas esa historia, pero algún día te la contaré. Muchísimos besos y no dejes de seguirme, ¿vale?

      • ANA MARI dijo:

        Descuida que te seguiré. Con respecto a lo que dices de Rebeca de que está en el mundo gracias a mi, la verdad es que es la segunda vez que te lo escucho decir. Me dejas intrigadísima. Ya me lo contarás en una de tus historias tan bonitas que cuentas. Háblame de ella y si tienes fotos mándame también alguna. Sé que es guapísima porque me lo han dicho, pero me gustaría verla en foto, seguro que es preciosa, y si se parece a su madre como persona, está claro que es y será una niña maravillosa.
        Yo tengo dos niños que son maravillosos también como sabrás. Créeme que a pesar de pasarlo muy mal cuando me puse a buscar niño y no venía, ahora chiqui te digo que creo que Dios no me los dió biológicos porque estaba en sus planes el que yo tuviera a estos dos niños. No sabes lo que me alegro con el tiempo de no tenerlos yo, porque de haberlos tenido hubiera adoptado seguro a uno pero no a dos. Sergio y Elena, que así se llaman, son frutos de un amor tan maravilloso…que tardó en llegar con el primero 9 meses y con el segundo 20 meses. Son la alegría de mi vida, lo más maravilloso que nos ha pasado a Curro y a mi.
        Cuando tengas tiempo, háblame también de tí. ¿Sigues en Granada?, ¿Vas mucho por el pueblo?.

        Un beso muy muy fuerte

        Ana Mari

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